Cómo escribir un libro cuando tienes un empleo de tiempo completo

Vivimos en un mundo lleno de ruido.

Las distracciones están a la orden del día y, a veces, nos cuesta concentrarnos.

Es complicado cuando no se tiene la disciplina y desconocimiento de cómo lograr el objetivo que quieres.

Cuando quieres escribir un libro, pero tienes un horario del que no eres dueño, puede volverse complicado.

Existen distintas razones:

  • Tienes desconocimiento de cómo lograrlo
  • Piensas que tienes que dedicarle mucho tiempo
  • El empleo no te da el tiempo

Lo sé, es difícil, he estado ahí.

Yo pasé mis últimos años como empleado detrás de un cubículo.

Entraba a las 8 de la mañana, pero mis días comenzaban muy temprano, a las 5 de la mañana, para ser exacto.

Me había acostumbrado a correr por las mañanas y ha sido mi horario favorito.

Siento mucha libertad y que mi día rendirá al máximo.

Pero cuando se trataba del libro, me costó mucho hacer el compromiso conmigo mismo.

En el empleo no podía hacer mucho. Mi cerebro estaba concentrado en otras cosas y mi creatividad estaba suspendida.

Muchas veces, cuando eres empleado, sientes que no tienes tiempo para nada.

Difícilmente te inscribes al gimnasio para bajar los kilos de diciembre o haces un curso para aprender una nueva habilidad.

En mi caso, mi principal obstáculo, era hacerme el tiempo.

Cuando salía del trabajo, aunque mi creatividad se desatara, sentía que mi cerebro había sido drenado.

No me quedaba mucha energía y quería solo desestresarme.

Me ponía a cocinar, jugar con los gatos, salía a caminar o veía una serie.

Pero rara vez trabajaba en el libro.

Si de verdad vas en serio con escribir el libro, debes hacer el tiempo para lograrlo.

Sé lo complicado que puede ser la rutina cuando estás trabajando, pero si no haces el tiempo nunca lograrás escribirlo.

Cuando hice el compromiso conmigo mismo, hice una lista de todo lo que hacía en el día, desde que me despertaba hasta que me iba a la cama.

Encontré varios espacios de tiempo de 15, 20 y 30 minutos. Estos eran:

  1. Cuando despertaba
  2. El trayecto de trabajo a casa
  3. Mi hora de comida

Sabía lo complicado que era escribir en el transporte y mi hora de comida podría ser una opción riesgosa, así que comencé a levantarme un poco más temprano, es decir, a las 4 y media.

Claro, esto significaba que debía irme a la cama más temprano, pero realmente valió la pena.

Así fue como empecé.

Todas las mañanas me ponía a escribir, de acuerdo a las escenas que tenía que redactar.

Conforme pasaron los días, me fui acostumbrando y la tensión bajó.

Empecé a sentir menos resistencia de escribir y más voluntad para hacerlo.

Me di cuenta que estos cambios habían valido la pena.

Llegué a tomarme la mitad de mi hora de comida para revisar lo que escribía en las mañanas y avanzar un poco más.

Tuve que hacer lo que fuera necesario para lograr el objetivo.

No sientas temor si es la primera vez que escribes un libro. Si yo pude hacer el tiempo necesario para lograrlo, yo sé que tu también puedes hacerlo.

Evalúa bien tus horarios, mira qué opción te funciona mejor y comienza.

Aquí encontrarás algunos recursos que podrán ayudarte a comenzar.

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