#310 – Abraza a tu rarito interior y tráumate

¿Alguna vez te han dicho traumado?

¿Tienes tanta emoción por algo y los demás te ven como “un rarito”?

Si la respuesta es sí, déjame decirte que no eres el único.

Yo toda la vida he sido un “raro”, incluso en la familia dicen que soy la “oveja negra”, aquel que no sigue patrones establecidos o que se sale de lo socialmente aprobado.

En un principio me costaba entender porque me sentía así, sobre todo en mi adolescencia.

En la secundaria nos hacían bullying, a un amigo y a mí, porque pasábamos horas jugando Pokémon con nuestros Game Boy durante el receso.

Se suponía que debíamos usar ese tiempo para hablar de cosas de “adolescentes”.

Yo no me identificaba con nadie y no me sentía cómodo cuando se trataba de pertenecer a un grupo.

Sin embargo, terminé cayendo en el juego.

Evitaba a toda costa que me dijeran “traumado”, cuando comenzaba a hablar de los temas que más me interesaban, porque sentía que me verían como un rarito.

Así que durante los años que siguieron mi vida giró en torno a esa decisión.

Hacía lo que fuera para encajar en ciertos grupos, pero nunca me sentía cómodo conmigo mismo.

Llegar a la casa era como un escape, porque podía hacer lo que más me gustaba: leer, escribir, dibujar y ver mis programas favoritos, lo que no encajaba con el mundo de afuera.

Era como si llevara una doble vida, porque la escritura y todo lo creativo me apasionaba, pero mi autoestima era bajo y me faltaba mucha seguridad en mí mismo.

Cuando me fui a estudiar a la universidad y salí de la ciudad donde nací, me sentí en un mundo completamente nuevo.

Aunque me sentía con ganas de seguir escribiendo, tenía que centrarme en los estudios y aprovechar la oportunidad que mis padres me estaban dando.

Continúe escribiendo, casi en secreto, hasta que tuve una inquietud.

Quería que las personas conocieran mi arte y, con dudas, decidí compartir mis escritos.

Dos amigos y una de mis hermanas leyeron mis historias y obtuve mi primera retroalimentación, lo que me ayudó a lidiar con la auto-crítica y a seguir escribiendo.

Cuando egresé de la carrera y obtuve mi primer empleo, el tiempo comenzó a irse de mis manos. Empecé a sumergirme en las fiestas y me emborrachaba cada fin de semana, hasta que enl 2013 me propuse publicar un libro y comencé a trabajar en ello.

Durante ese año mi entorno comenzó a mejorar y empecé a rodearme de personas que tenían aspiraciones similares a las mías.

Se sentía demasiado bien tener amigos con los que podías platicar de tus sueños más locos y que ellos se sintieran igual de emocionados que tú.

La misma energía que ellos me daban era la misma que obtenían de mí. Era como un arte de dar y recibir, así que ya podrás imaginar como nos sentíamos.

Te digo esto porque durante mucho tiempo estuve rodeado de las personas incorrectas, aunque, muy en el fondo, he aceptado que debían estar ahí.

No te sientas mal si las personas no se emocionan cuando les hablas de tus sueños más locos. Solo piensa que ellos, tal vez, tienen otros intereses y eso está bien.

Busca personas con intereses afines a los tuyos y empieza a crear nuevas amistades.

Para mí es la mejor decisión que he tomado y, hoy en día, me encanta lo que hago y tengo amigos con los que puedo hablar por horas.

Tal vez en tu familia hay personas que no se muestran entusiasmadas con alguna de tus pasiones.

Lo he vivido en carne propia durante los últimos años y en un principio fue duro aceptarlo, pero con el tiempo entendí que esto es acerca de mí y la opinión que ellos tengan es cuestión suya.

Si sientes que no encajas en algún grupo, no te sientas mal. Créemelo, también he estado ahí. Muchas veces, al mejorar tu entorno, empiezas a vibrar en una frecuencia más alta.

Por consecuencia, atraes a las personas y situaciones que te ayudarán a cumplir tus metas. Tampoco te digo que dejes de hablarles, solo piensa en lo que sería más adecuado para ti.

Hoy en día puedes unirte a grupos en Facebook y ser parte de conversaciones increíbles.