Lo Que Aprendí de Escribir Todos Los Días

Todos y cada uno de nosotros tenemos una historia que contar. Por años, hemos albergado en nuestra mente cientos de ideas o historias inspiradoras que luchan por salir a la luz. La pregunta es, ¿estás dispuesto a finalizar esa obra para de una vez por todas mostrarla al mundo? 

 

Escribir es un proceso de autodescubrimiento

 

Hace casi dos años me encontraba escribiendo nuevamente mi primer libro con la intención de darle un toque de misterio que no le había dado cuando lo escribí tiempo atrás. Sin lugar a dudas, fue para mi un gran reto ya que no tenía idea de lo que estaba haciendo.

Conforme fui investigando, viendo algunas películas, series de televisión e incluso leyendo algunos libros, fui dándole ese toque de misterio poco a poco.

No me sentía lo suficientemente capaz de hacerlo ya que continuamente saboteaba mi trabajo diciéndome a mi mismo que tal vez no era perfecto, que no era un maestro del misterio, que tal vez eso era sólo para los grandes.

El auto-saboteo Era Real

El pasar de los días era inevitable y mis días cómo Business Consultant en la compañía dónde laboraba se hacían cada vez más grises. No encontraba la motivación necesaria para seguir tanto en mi empleo cómo con mis escritos.

Nuevamente bendigo los Starbucks, ya que se convirtieron en el principal lugar de trabajo en el que me sumergí los meses posteriores para finalizar mi primer novela.

 

Uno de los mayores obstáculos al escribir un libro es que no nos sentimos lo suficientemente capaces de finalizarlo.

 

Los elogios de mis amigos eran abundantes. Ellos estaban deseosos de leer mi primer libro y yo emocionado de estar a punto de finalizarlo.

Realmente disfrutaba hacer una releída de la última escena de cada capítulo que yo escribía, sobre todo cuando terminaban en un «cliffhanger», término aplicado en las series de televisión cuando un capítulo termina en un momento de suspenso.

«Estoy seguro de que las personas que me lean van a disfrutar de mi obra tanto cómo yo».

Hubo Algo Que Marcó Una Gran Diferencia

Estaba escribiendo por el amor a escribir, por compartir mi mensaje cómo escritor y sobre todo contar todas las historias que había creado en mi mente a lo largo de los últimos diecisiete años.

No había duda que Los Protectores se había convertido en una gran prioridad para mí. Cuando me di cuenta que estaba escribiendo todos los días sin parar, sin detenerme, sin buscar excusas, y que sólo me hacía presente en mi escritorio frente a mi computadora para trabajar, supe que realmente había marcado una gran diferencia.

En ese momento concluí que no sólo era cuestión de sentarme, escribir, completar la meta y estar satisfecho. Estaba disfrutando las historias que estaba creando.

A pesar de que en mi mente abundaban mucho las tramas que sucederían posteriormente, enfocarme en el presente jugó un papel muy importante. Recuerdo que una de las cosas que más disfruté fue crear a Sophie Barnes, un personaje que saqué de la manga y que ahora se ha convertido en uno de mis personajes favoritos.

 

A veces, el final de un buen libro no es exactamente el final.

 

Para ser claro, disfrutaba mucho leyendo lo que había escrito. Tenía grandes planes para todos mis personajes, y mis ganas por soltar poco a poco cada uno de los misterios eran inminentes. Las ganas de llegar a casa de la oficina exclusivamente para escribir se hicieron presentes conforme fui persistiendo en mi hábito, apoyado principalmente por la labor de investigar sobre aquello que quería escribir.

¡Poco a poco las tramas y las cosas comenzaban a encajar!

Ya no se trataba de cuantas palabras estaba escribiendo por día, si no que en verdad estaba enamorado de mi novela. Sé de antemano que llevar un conteo de las palabras que escribes por día es estupendo ya que es una forma de medir tu trabajo como escritor y rendir cuentas a ti mismo, pero en mí eran inminentes las ganas de hacerme presente cada día y escribir, que el conteo de palabras se disparó a las 2,500 por día. A veces, había fines de semana que escribía más de 4,000 y días en los que perdía la cuenta.

Sé que los primeros días suelen ser demasiado difíciles. Es algo que puedo asegurarte ya que lo viví en carne propia. Hay un mito acerca del tiempo que toma formar un nuevo hábito, basado en un estándar de 21 días. Puede que sea cierto, puede que no, pero lo que si creo es que lo que te lleva a mantener un hábito, y no sólo formarlo, es la constancia, la variedad y la mejora.

 

Una de las características de un buen escritor es mantener un buen hábito de escritura.

 

Hace poco leí el libro «Miracle Morning» de Hal Erold, en el que menciona que los primeros diez días son los más difíciles. La verdad no podría estar más de acuerdo con esto, ya que muchas de las veces cuando nos sentamos a crear nuevas historias estamos muy emocionados pero al mismo tiempo no sabemos que esperar de lo que estamos haciendo o que es lo que vamos a lograr, y por ello creo que el hacerte presente para escribir, todos los días, sin importar lo que pase, es lo que marcará una gran diferencia.

Puede que tengas muchas dudas acerca del rumbo de tu historia, de si realmente vale la pena dedicar horas y horas para escribirla, o si necesitas convertirte en el mejor maestro de letras. Detente, respira profundo y piensa en el porqué quieres escribir esa novela. Es tu historia y nadie más la escribirá por ti.

La pregunta es… ¿Llegaremos a leerla?

Ahora me gustaría saber de ti,

¿Que reto, obstáculo o miedo te está deteniendo de lograr finalizar tu libro?
¿Cual es el principal obstáculo que te detiene de escribir en este momento?

¡Dejannos tu comentario, me encantará poder ayudarte! 🙂