Hecho es mejor que perfecto. Cómo terminar tu libro sin contratiempos.

Una de las cosas que más me molestaba sobre escribir era sentir esa presión por crear el libro perfecto.

Al vivir en una sociedad perfeccionista, el fracaso en visto como algo malo.

«No te equivoques en esto».

«No lo hagas de esta forma».

Desde pequeños se nos ha condicionado de esta forma y que debemos ser los mejores siempre en todo lo que hagamos.

Vemos el fracaso como algo malo y nunca se nos dijo que era parte del proceso de aprendizaje.

No hay nada malo en enfocarse en ser el mejor, pero deberíamos ver el fracaso como una parte del proceso y, cuando se trata de escribir un libro, no siempre empezamos con el pie derecho.

Quizás hayas estudiado una carrera completamente distinta a la que, según, se debe tener para escribir un libro.

Yo estudié ingeniería y tuve algunos conocidos que me decían que escribir no era para mí.

«Pero tú estudiaste ingeniería, ¿para qué quieres ser escritor?».

Al principio me frustraba mucho porque, cuando tienes el autoestima bajo y eres muy inseguro, la opinión ajena cuenta.

Con el tiempo comprendí que lo único que importaba era lo que yo quería.

Me tomó un tiempo entender que para finalizar mi libro debía enfocar mis esfuerzos en simplemente terminarlo.

Seguir la regla de oro de no corregir, para finalizarlo cuando yo considerara que era necesario.

No siempre se tiene a la gente indicada para pedir consejos y eso a mi me frustraba mucho.

Me molestaba no tener un entorno adecuado y no conocer a personas que me orientaran.

Pero entendí que era mejor terminar lo que tenía que hacer y después ver como le haría para publicar.

En marzo del 2014 comencé la escritura de Secretos del Pasado.

Era mi primera incursión en el género misterio e iba con todas las intenciones de finalizar la novela.

Me levantaba todas las mañanas, muy temprano, para escribir, aunque no tuviera ganas.

Te mentiría si te dijera que lo hice todos los días.

Hubo ocasiones en las que me quedé dormido y me obligué a escribir durante las tardes.

Cuando tienes un objetivo bien marcado, haces lo que sea para terminarlo sin contra tiempos.

La presión a veces es buena porque te saca de tu zona de confort y ahí es cuando la magia sucede.

Conforme vas escribiendo, día tras día, la tensión de escribir el libro perfecto disminuye y te concentras en contar tu historia.

Eso es lo que realmente importa. Hecho es mejor que perfecto porque ya tendrás tiempo después para realizar las correcciones necesarias.

Uno pone la intención y la acción, el universo pone los resultados.

Marcar objetivos siempre es bueno y más cuando se trata de escribir un libro.

Lo único que necesitas es un plan para finalizar tu manuscrito.

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